miércoles, noviembre 18, 2009

Heraldo Muñoz y Baltasar Garzón a la Sombra del Dictador.

La presentación del libro “La Sombra del Dictador” del Embajador chileno ante Naciones Unidades, Heraldo Muñoz, en la Casa de América de Madrid, fue una excelente excusa para juntarse con el Juez español Baltasar Garzón a una conversación pública sobre el Régimen dictatorial de Pinochet, su perfil de oportunista, y sobre la proyección de este en el Chile actual.
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Interesante recordar algunas cosas sobre los problemas actuales del modelo chileno, sus debilidades y sus contradicciones. También un buen momento para escuchar a los asistentes en sus comentarios y preguntas, entre los cuales se encontraba el Embajador de Chile en España, Gonzalo Martner. Pero un asistente se mantuvo en total silencio y luego se fue con rapidez. El abogado Joan Garcés, que escuchó con mirada baja y rostro muy serio la exposición de ambos ponentes. Me hubiera encantado escucharlos en un debate a los cuatro, pero, como casi siempre en esta larga historia, el diálogo no se dio.
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Lo que más me llama la atención de lo que menciona Muñoz es la convicción que plantea sobre la casi segura derrota que hubiera sufrido Allende en el hipotético caso de que se llamara a un plebiscito. Creo que nunca había escuchado a nadie decirlo así de claro. Aun no me queda claro que si eso era así, para qué hacer un golpe ¿sólo para “limpiar” de la izquierda? Me quedan muchas dudas.
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Lo que me queda claro es que Chile sigue proyectando una imagen muy derechista para la izquierda europea. No se entiende la exclusión comunista del Parlamento, la imposibilidad antidemocrática que quienes estamos en el extranjero no podamos votar, que se continúe con la salud privada, la educación de mala calidad y la enorme diferencia entre ricos y pobres que no disminuye a pesar del crecimiento económico. Esas son las oscuridades que proyecta la sombra de Pinochet hasta nuestros días.
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Pero tal vez sea importante recordar las luces de Allende que iluminan nuestro presente. La completa convicción democrática de la izquierda actual, la cobertura educacional, la repartición de tierras y el cobre en manos del Estado, por citar las más conocidas.
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Seguimos siendo un país de luces y sombras, que se proyectan en nuestra imagen en el mundo y en el futuro que se dirime en estos días en las urnas.

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