miércoles, septiembre 02, 2009

Mínimos para ser una democracia

En América Latina, estos últimos años, se ha dado en cuestionar que es y que no es una democracia. Este cuestionamiento, que fue durante los años 90’ una preocupación casi exclusiva de la izquierda, se ha transformado en una gran preocupación para los partidos de derecha. Esto podría ser un milagro de la concientización, si no fuera por las sospechas de que son análisis justificatorios de posibles salidas violentas, como ha sido el caso de Honduras.

Por esto parece pertinente recordar los consensos sobre democracia. La definición de democracia puede ser muy extensa y detallada o puede sólo reflejar lo mínimo. Cualquiera sea el caso debe considerar a lo menos tres aspectos: Elección popular abierta y generalizada de las autoridades legislativas; separación de los tres poderes del Estado y libertad de expresión de todos los ciudadanos. Hasta aquí es el modelo mínimo y clásico, no tiene que ver con las reelecciones, ni con el número de años en el poder de una persona o una coalición, sin embargo, una democracia en la actualidad no puede ser tal si en lo referente a la libertad de expresión no incluye la libertad de prensa y en general la libertad de las comunicaciones, pues estas comunicaciones son las que vehiculizan la libertad más importante de la democracia, la libertad de expresión. Si no puedo saber, no puedo tener opinión, si no tengo opinión, no puedo elegir, si no elijo no puedo votar. Esa es la base, ese es el origen y sostén de todo el resto del edificio democrático.

Hoy presenciamos un intento claro de deslegitimación de gobiernos latinoamericanos por medios de comunicación nacionales y globales. Sin embargo, el modo que elige un gobierno para defenderse de dichas agresiones puede legitimarlo aún más como régimen democrático o hacerlo caer en prácticas de censura y persecución equivalentes a las de las dictaduras, con lo que pueden terminar dándoles la razón a quienes los acusan de no democráticos.

En este sentido hay medidas democráticas, como fortalecer medios alternativos, mejorar la penetración de internet, dejar de financiar o subvencionar medios agresivos o apoyar el surgimiento de más medios de comunicación. El utilizar las leyes para controlar las críticas al gobierno, además de no ser democrático, no es efectivo, pues la señal que se da es de estar escondiendo algo. Distinto es que los casos puntuales se sometan a juicios expost cuando estos ofendan o injurien personas o instituciones, sometidos a las controversias probatorias propias de un sistema jurídico. Sin embargo, penalizar con cárcel este tipo de faltas es extralimitar el derecho del estado sobre la vida de las personas individuales.

Ningún jefe de estado debería tener el poder de hacer que las fuerzas policiales y judiciales realicen cualquier trámite sin los debidos procesos, sólo a la voz del gobernante, justamente a eso apunta la separación de los poderes del Estado.

Los gobiernos que buscan perseguir a quienes opinan diferente o incluso a los que mienten o distorsionan la información, no sólo se alejan del ideal de democracia mínima, también parecen ser malos alumnos de la historia, ya que ese método ha sido utilizado por dictaduras de toda orientación ideológica (o sin ella) y los resultados son claros, al poco tiempo el gobierno pierde la legitimidad ante la ciudadanía. Eso le pasará más temprano que tarde a los regímenes latinoamericanos que en este momento están revisando leyes de control y penalización de los grupos opositores.

La única forma válida de combatir a la oposición en democracia es con más democracia, con más votaciones, con más transparencia, con más información, con más participación. Sólo eso valida a largo plazo a los gobiernos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario