martes, mayo 05, 2009

El Demiurgo y su Golem: El aburrimiento de un patriarca

Padre ¿por qué nos has abandonado? Es la pregunta que muchos querríamos hacerle a Ricardo Lagos. El otrora respetadísimo ex Presidente a jugado una tras otra en contra de su sector y de su coalición. Ya es historia lo mal que recibió las críticas por los problemas generados a Bachelet por el Transantiago, por la desaceleración económica y hasta por el estilo de la mandataria.

Ahora va más lejos. Como nadie (o no los suficientes) se acercó de rodillas a rogarle que fuera candidato, entonces la clase política entera es culpable de que hayamos perdido a un líder incomparable. Por ello toda la política chilena es aburrida. No como en sus tiempos. Cuando cada semana podíamos ver y escuchar al presidente hablar de su alta envestidura en tercera persona con frases como: “Al presidente de Chile no se le grita”, “El presidente de Chile es una persona seria”, (y la peor) “Al presidente de Chile no se le pide explicaciones”. Y tantas otras con las cuales se dirigía por iguala diputados que a obreros de la construcción.

Recuerdo nuestro entusiasmo de aquella época, que labró parte importante de la política chilena de hoy. Todos querían ser Lagos. Todos (hasta Lavín) se apoyaban en Lagos, sus frases, sus proyectos. Para los candidatos a las municipales y las parlamentarias una foto con él valía más que cinco minutos de televisión. De hecho muchos de los actuales concejales/as, alcaldes/as, diputados/as y senadores/as salieron de su gobierno. ¡Va! Y ahora que lo pienso, también de ahí salieron varios de los actuales ministros y subsecretarios. Y, por su puesto, la propia presidenta. Todo ello muestra lo buen presidente que fue y el buen halo que cubrió a sus colaboradores. Qué pasa entonces que Lagos se aburre cuando mira el presente político chileno, espejo de su pasado reciente.

Lagos dio vida a la política actual. Los temas tratados y la forma de hacerlo tienen la innegable huella de su gobierno, es el Demiurgo de este universo político presente. Pero, a diferencia del mítico ser helénico, el universo que creó le aburre, lo considera trivial. Como si el resultado de su personalísimo gobierno no fuera lo que él esperaba, un universo maravilloso de país desarrollado, serio y laborioso, si no tan sólo un torpe Golem que no sabe a dónde va ni para qué.

Tal vez sea que ya no hay “grandes líderes”, o lo que es lo mismo “grandes caudillos”, y Chile debe buscar su norte sin los patriarcas iluminados a la cabeza. Solos, como iguales, aburridos y triviales, avanzando según podamos ponernos de acuerdo.

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