domingo, marzo 01, 2009

Obama y América Latina: cuando menos es más.

Muchos analistas insisten en destacar la baja atención que Obama le ha prestado a América Latina en sus primeras acciones al frente del gobierno de EE.UU. Les parecen poco las ya evidentes señales de los primeros acercamientos con Cuba, pese a las ofensivas periodísticas de Fidel. Da la impresión de que algunos analistas esperan de Obama cosas insólitas, ingenuas y a veces hasta absurdas. Que Obama signifique un cambio en las relaciones de EE.UU. con América Latina es un hecho, pero que este cambio sea radical parece un exceso. Se habla de alianzas y de cooperación como si el país del norte dejara de ser el principal poder del mundo sólo por el mero hecho de estar gobernado por Obama. Estos comentaristas parecen esperar que EE.UU. trate a los países del sur como nunca ha tratado a ningún país del mundo: con respeto, como iguales. Eso es desconocer la historia de los últimos 200 años.

Ese respeto y ayuda que muchos esperan de Obama no llegará jamás. No porque Obama sea un mal presidente. Por el contrario, mientras mejor presidente sea para su país, peor será el efecto para América Latina. Esa es la historia presente y pasada de nuestra región – y del mundo entero – con EE.UU. Y no cambiará por un simple cambio de presidente.

Estos últimos años, después de que Bush “abandonara” la región para concentrarse en su guerra contra el terrorismo, América Latina pudo completar uno de los ciclos más largos de estabilidad y desarrollo económico de su historia. Los años de Clinton, en cambio, donde hubo una preocupación activa por América Latina, todos los países de la región, con la honorable excepción de Chile y Costa Rica, tuvieron grandes problemas políticos y económicos inducidos o agravados por la “atención” prestada por la Casa Blanca. Esto quedó expresado en el dogmático consenso de Washington que destruyó o debilitó a todas las grandes economías de la región. Es decir, cada vez que los estadounidenses se preocupan por América Latina la historia termina en descalabro político y económico.

Por mi parte, espero que Obama haga lo único bueno que EE.UU. puede hacer por nosotros: ignorarnos. Que deje que tomemos nuestras propias decisiones y resolvamos nuestros problemas. Así habrá muchos menos muertos y mucho más desarrollo. En este caso creo, firmemente, que menos es más.

2 comentarios:

  1. Coincido y no coincido con tu análisis:

    Opino que si se gestionan las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo en una relación de suma 0 (lo que ellos ganan, nosotros lo perdemos) obviamente cuanto mejor sea presidente Obama, peor para nosotros no obstante no todas las relaciones interestados son necesariamente de suma 0,se pueden buscar sinergias en la colaboración que ayuden a "Ampliar la tarta" por tanto existe una forma de que cualquier presidente de Estados Unidos sea un buen presidente sin que ello signifique la ruina para el resto del planeta, ahora, si Obama va a explotar esa posibilidad de colaboración multilateral no solo en cuestiones de política exterior-militar sino también en cuestiones medioambientales, de derechos humanos o económicas es algo que entiendo cuestionable, no creo tampoco que sea el mesias negro.

    Salud!

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  2. Es claro que puede haber beneficios para AL si se gestionan bien las relaciones con EEUU, al igual que para Europa, es sólo que hasta ahora eso nunca sucede. Chile sólo "aumentó la torta" cuando logró bajar de 75% a menos del 45% la dependencia de exportaciones hacia EEUU. Lo mismo ha hecho Brasil y va muy bien. México en cambio depende cada día más de su vecino y mira como le va la cosa.
    Creo en lo que dices, es sólo que nunca ha sucedido, por lo menos no en AL.
    Un saludo.

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