viernes, abril 04, 2008

Tribunal Constitucional: ideología institucionalizada

Es indecente la situación del Tribunal Constitucional de Chile. No sólo porque se trata de una entidad extraparlamentaria que define la viabilidad de las leyes en un país democrático -situación ya difícil de explicar desde el punto de vista de la democracia que supuestamente rige en nuestro país- sino por lo fácil que resulta presagiar sus fallos mediante el simple ejercicio de evaluar la ideología política y religiosa de cada uno de sus integrantes. Así lo hicieron algunos medios, entre ellos El Mostrador, quien hace una semana adelantó cuál sería el fallo del Tribunal en el caso de la píldora del día después.

Este hecho denota una falta total de imparcialidad de estos jueces. Si para saber cómo votarán sólo basta con conocer la ideología de cada uno de ellos, entonces dicha institución sobra en la estructura gubernamental chilena. Ese rol ideológico ya lo cumple el Congreso Nacional en sus dos cámaras, las que, además, son elegidas por los ciudadanos y por ello cuentan con “mayor” legitimidad para decidir, ideológicamente, cuáles son las leyes que deben caber dentro de la Constitución del Estado.

Si los jueces no pueden cumplir su rol prescindiendo de sus valores ideológicos significa que no pueden tener un estatus superior al del sistema político. Este sistema es el que, por decisión de una mayoría, debe buscar los consensos entre los valores ideológicos de todos los ciudadanos, utilizando el criterio de mayoría como guía y el criterio de acuerdos como sistema de convivencia. Eso se llama democracia. Y no puede ser coartada por un puñado de retrógrados que no pueden ser evaluados por los ciudadanos.

Más descarada aún es la actitud de estos jueces cuando pretenden que creamos que todos los países desarrollados del mundo están equivocados en sus juicios científicos y morales y que sólo en Chile estamos en lo correcto científicamente hablando. Simplemente no son creíbles. Están actuando fuera de la legitimidad democrática. Cumplen dos criterios de la indecencia, según la Real Academia Española de la Lengua: Falta de honestidad y hechos vergonzosos.

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