lunes, enero 28, 2008

El precio fijo: cómo dar un salto a la lectura masiva en Chile

Durante años en los círculos editoriales y de escritores se ha hablado de la posibilidad de quitar o bajar el IVA al libro. Esta medida es una blasfemia para la ortodoxia del modelo económico, que considera que el tratamiento diferencial de productos o servicios deriva en deformaciones contraproducentes del mercado.
Sin embargo, la realidad dice otra cosa. En la Europa actual, la de moneda única, con Banco Central independiente y exigencias de déficit fiscal cero -es decir, en una Europa con un modelo económico casi tan liberal como el chileno- el libro tiene un tratamiento especial y además exitoso.

En países como Francia, España o Inglaterra, el libro ya tiene un IVA diferenciado, y en varios casos europeos el IVA es cero; en el caso de España es 4% (el IVA general es 16%). Pero, además de esta “aberración económica” que significa favorecer la oferta de un producto considerado especial, los españoles y franceses tienen el “precio fijo”, es decir, lo que llaman “el derecho a comprar un libro al mismo precio en cualquier lugar del territorio nacional”, lo que en la práctica deriva en que cada punto de venta, sea una pequeña librería de pueblo o una gran superficie urbana, vende al mismo precio impuesto por el editor. Doble blasfemia mercantil: subvención indirecta y restricciones a la competencia.

¿Pero cuáles son los resultados de estas políticas que llevan decenas de años aplicándose? Pues que España es el principal editor de habla hispana en el mundo, muy por sobre México, Argentina o Colombia. Y no es sólo la que más títulos vende, también la que más edita; es, de hecho, el tercer país del mundo que más edita, según los datos del Ministerio de Cultura. Y esto es así debido a que el sistema les permite a las editoriales (grandes y pequeñas) asegurar mayores volúmenes de venta a nivel local, con lo cual pueden competir a mejor precio a nivel internacional.

Francia suspendió durante los años noventa este mecanismo de control de mercado y a debido reponerlo recientemente debido al riesgo de desaparición de editoriales y de librerías pequeñas y provinciales, pues para ellos preservar esas instituciones tiene prioridad estratégica.

Esto representa un comercio interesante para España: las ventas al exterior durante el 2006 superaron los 1.000 millones de dólares, beneficios a los cuales se debe agregar un nivel importante de empleo especializado y un no despreciable posicionamiento como productor de cultura en la imagen país.

Lo más curioso es que España no produce papel ni tampoco produce los escritores que más venden a nivel global y varios de sus grupos editoriales ni siquiera utilizan el castellano como primera lengua. Es más, los tres principales clientes de España en productos editoriales son Francia, Inglaterra y Brasil, por lo que no se puede interpretar su importancia en este rubro a nivel global sólo por una supuesta ascendencia cultural sobre Hispanoamérica.

Por otro lado, un efecto social tanto o más relevante que el empresarial resulta de la mayor lectura de libros en la ciudadanía, con todo lo que eso significa en términos de acceso a la información, la capacitación profesional, aumento de la autoeducación, aumento de la diversidad creativa, difusión de ideas nuevas y demás efectos positivos derivados de la lectura de libros. En España la lectura per cápita es de 6,5 libros al año (Ministerio de Cultura de España, Encuesta de Lectura, 2006). En Chile este indicador alcanza los 5,2 libros per cápita (Adimark: Índice Lector, 2006), mucho mejor que el de México, 2.9, per cápita (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes: Encuesta Nacional de Lectura, 2006) o el de otros países latinoamericanos, pero nos falta para alcanzar el nivel esperado para nuestro nivel de desarrollo.



Finalmente, es importante la consideración de que Chile es el único país de América (incluyendo EE.UU. y Canadá) que graba el libro con un IVA superior al 7% sin hacer ninguna concesión a su venta. No hay ningún país desarrollado que no estimule la edición, venta y lectura de libros a través de la protección de su oferta y la subvención indirecta de su demanda, lo cual debería decir suficiente para entender la importancia de proteger este “mercado”. Lamentablemente los ortodoxos liberales chilenos no lo entienden.

3 comentarios:

  1. En mi opinión muy buen artículo, sobre todo por los datos aportados de los cuales me genera una gran sorpresa el caso chileno respecto de la media de libros leídos.

    Es lamentable constatar que lo progre se les queda siempre en el discurso.

    ResponderEliminar
  2. Ricardo, buscando ideas para bajar lso precios de los libros en Chile di con tu blog y me pareció un gra nartículo, con información que se desconoce. Me impresionó la baja percapita de lectura en México y la poca distancia entre Chile y España.

    ResponderEliminar
  3. me permití publicar el link de este blog en mi facebook, porque justamente estamos en una discusión sobre el precio de los libros...¿no hay problema?

    ResponderEliminar