viernes, noviembre 03, 2006

Mirándome el Ombligo Mestizo

Cuando llegué a España hace ya casi un año, escribí en este blog un post llamado “Al fin desde Madrid” en el que hacía una referencia a la “cronología” de la historia de España y Chile, comparando los 400 años de historia de Chile contra los 2.000 años de historia de España. Hace unos días el Dr. Leoncio Camino, uno de mis profesores en la Complutense e investigador de la Universidad de João Pessoa, en Brasil, me hizo una crítica sobre ese texto que me ha hecho pensar (¡otra vez!) en nuestra mestiza identidad.

El profesor Camino me señala que no podemos situar el comienzo de la historia de Chile (o de toda América) en la “llegada” de los españoles, puesto que siglos antes ya existían culturas y pueblos bien organizados en la región. Tengo una respuesta contradictoria a esa crítica.

Por una parte, es verdad que las culturas originarias aportaron en toda América Latina como en Chile no sólo el mestizaje étnico sino que también un mestizaje cultural. Esto se aprecia, por ejemplo, en el lenguaje, en la música, en la comida, en los nombres de nuestras ciudades, en ciertas formas de entender la comunidad y la familia, y en muchas manifestaciones religiosas y en creencias populares. Sin embargo, ese aporte cultural y étnico de las tres vertientes que constituyen hoy nuestra América latina -la española, la indígena y la africana-, ¿pueden constituir por sí solas la Historia de América latina o de Chile? Es decir, si decimos que la historia de América Latina debe incluir la historia conocida de los pueblos originarios, entonces ¿no debería incluir la historia de España y de África? Esto me merece dudas, ya que la suma de esas tres tradiciones culturales no da como resultado una cultura latinoamericana, puesto que el criterio de síntesis de nuestra cultura a partir de las tres vertientes no es aditivo sino cualitativo y, de cierta manera, impredecible.

Por otro lado, ¿es válido afirmar que la historia de Chile es anterior incluso a su nombre y a su unidad territorial? La respuesta se vuelve confusa si pensamos que atacameños y picunches no tenían una percepción de territorio unificado, ni aún menos los mapuches, huilliches, chonos u onas. No se unieron contra los incas ni aún menos contra los españoles o contra el propio ejército chileno.

Queda claro, entonces, que lo que existía en este territorio no era Chile, ni ninguna unidad territorial o identidad social que se le asemeje. Sin duda que durante todo ese tiempo hubo historia pero ¿se puede afirmar que es historia de Chile cuando aún este nombre ni la identidad que genera existían?

Pero, volviendo al post que he mencionado arriba, en él no pretendía (aunque lo parece) fijar en esta diferencia numérica el contraste en lo percibido entre Santiago y Madrid. Definitivamente no es la cantidad de años de historia lo que hace la diferencia, pues si así fuera probablemente África y Medio Oriente serían los sectores del globo más “humanizados” (en el desarrollo de la cultura de lo derechos humanos) y no lo son.

Para concluir, ahora que llevo más tiempo acá puedo afirmar que en el caso de Santiago y Madrid, en muchos aspectos las diferencias son más superficiales que reales. En Madrid la violencia doméstica llega continuamente al homicidio, existe una baja aplicación de la tecnología al servicio de los ciudadanos y se emplean extensas trampas burocráticas para los extranjeros. Éstas, entre otras cosas, me hacen ver ahora que la distancia entre ambas ciudades no es total.

1 comentario:

  1. revisa este blog, te puede interesar: http://matachito.blogspot.com/

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