miércoles, noviembre 29, 2006

Desintegración: Sin Costo Político

Kirchner corta el gas a Chile. Uruguay le da un portazo al MERCOSUR mediante un TLC directo con EE.UU. Perú hace lo mismo a la Comunidad Andina. Chávez se pelea con todo presidente que no está de acuerdo con él. Morales confisca la producción de la estatal brasileña Petrobrás. Y Chile sigue poniendo al resto del mundo por delante de sus vecinos latinoamericanos en sus relaciones internacionales. Todo esto se produce por un elemento en común: ser un mal vecino no tiene costo político en Latinoamérica, e incluso puede ser visto como un indicador de patriotismo muy apoyado por los medios y por la opinión pública de los distintos países de la región. Esa ausencia de valor que tiene para los políticos la integración latinoamericana no se basa en la inconciencia e inmoralidad, sino en el hecho de que sus votantes no sólo no los castigan sino que hasta los premian cuando se muestran duros con los vecinos. Esto no es culpa de los políticos sino de quienes nos consideramos latinoamericanistas, por no lograr instalar el tema de la integración como una preocupación en la opinión pública. Hoy el político sólo está para administrar el poder, nos guste o no, y hará todo aquello que le permita mantenerlo (es cosa de ver a Ortega en Nicaragua). Por tanto, si mantener una integración latinoamericana le resta posibilidades de manejo interno para resolver problemas que se relacionan con la mantención de su poder, entonces no hay duda de que tirará por tierra todos sus buenos deseos de integración y optará por solucionar lo que la opinión pública (y los medios) de su país (los que votan por él) le señalen que es prioritario. Y la integración no es prioritaria para el ciudadano común ni para los medios de comunicación. Sí lo son el empleo y el crecimiento, tanto que se opta por protegerlos aún cuando las medidas a corto plazo de un país puedan dañar la economía -a largo plazo- de un vecino. Casos como el del gas entre Chile y Bolivia, o el de las industrias de celulosa entre Argentina y Uruguay son claros ejemplos de ello. Argentina se debate con prácticamente todos sus vecinos para mantener sus indicadores económicos y no bajar la popularidad de su presidente. Y a pesar de que esto puede significar la muerte del MERCOSUR nadie le cobrará nada dentro de su país. Lo mismo pasa con Chávez: ofender a varios líderes latinoamericanos no tiene ningún menoscabo en su apoyo popular (aunque sean líderes de centro-izquierda como Lagos y García). Esta es la situación que debemos cambiar quienes creemos que Latinoamérica debe integrarse (primero) y unirse (después) para mostrase como un solo bloque frente al resto del mundo, pues de ello depende su capacidad futura de integración global y de independencia política y económica. Hay que hacer que el anti-integracionismo tenga consecuencias en la política interna de los países latinoamericanos y hay que lograr que la “opinión pública” -que se expresa en los medios y en la cotidianeidad de cada país- considere la unión latinoamericana como un valor, como una meta próxima y posible, y vea en ella un beneficio directo para su realidad.

1 comentario:

  1. ¿Integración Latinoamericana tras el triunfo aplastante de Chavez?...
    Los invito a visitar mi blog. donde encontrarán algo referente a lo que viene...
    Un abrazo fraterno y rebelde desde Chile.
    Valeria Bustos
    Consejera Nacional PPD

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