viernes, octubre 27, 2006

¿Integración? No, gracias

Otra vez ocurrió lo de Cortés y los Aztecas, lo de Pizarro y los Incas, lo de toda la historia del siglo XIX que sigue pesando tanto. Españoles primero, ingleses y franceses después y ahora EE.UU. La larga historia de las oligarquías locales que se alían con potencias externas para debilitar o, derechamente, enfrentarse contra el poder legítimo interno para favorecer sus pequeños intereses locales. Le pasó a Atahualpa, le pasó a Bolívar, le pasó a Allende, a República Centroamericana, a la gran Colombia, etc.

La postura chilena frente al voto para el miembro no permanente de origen latinoamericano en el Consejo de Seguridad de la ONU pone en evidencia una vez el problema de la integración de la región. Cuando se trata de hacer esfuerzos en común, Chile (también el resto de los países) se abstiene. “Yo paso” dijo Bachelet, bajo amenaza de ruptura interna desde la oligarquía política tradicional. Ese fue el mismo dilema de Bolívar, San Martín u O’Higgins. Cuando sus reformas generaron desconfianzas entre los intereses de las oligarquías locales se socavaron los apoyos, se dividieron las fuerzas y surgió la amenaza de perderlo todo. Por eso cada uno debió decir lo mismo que Bachelet ahora: “Yo Paso”.

Sin embargo, existía otra opción, la de buscar un voto consensuado, menos afectado por las directrices de EE.UU. pero tampoco controlado por sólo un sector político de América latina, como es el chavismo. La idea de salida alternativa que flotaba en el aire (y en algunos periódicos), que buscaba una opción de consenso que presentara a América Latina unida frente al resto de bloques y frente a la potencia hegemónica del momento no prosperó. Ocurrió lo de siempre: Brasil estaba ocupado en sus elecciones internas, México complicado con el resultado de las suyas, Argentina no quiso opinar porque era el miembro saliente y Chile... se abstuvo. No sólo de votar, sino también de hacer cualquier cosa por una América Latina más unida y más independiente, puesto que con el actual prestigio que tiene en el continente Chile podría haber articulado apoyos para una tercera opción a favor de otro país centroamericano más neutral. Pero se abstuvo.

Por eso hay que recordar: siempre hay alguien desde adentro que busca sus propios intereses y frena todo el proceso de integración latinoamericana. Hoy fue la DC chilena quien amordazó a la presidenta de Chile, a través de Gutenberg Martínez, inducido por Aznar (parte de la DC internacional) aliado incondicional de Bush y financiado (como sabe todo el mundo en España) por los mismos que financiaron la campaña y mantienen la popularidad del presidente norteamericano (Rupert Murdoch y cia.).

Si ésos son los que representan “el bien del país” que supuestamente está detrás de la abstención, entonces yo también paso…

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