sábado, febrero 11, 2006

Al fin desde Madrid

Ya establecido en Madrid, estudiando el doctorado y aprendiendo de mi nueva ciudad, vuelvo a escribir en este blog. Pensé mucho en todo lo que ha ocurrido en Chile luego de la elección de Michelle Bachelet, pero ya se ha dicho demasiado al respecto y dudo que pueda agregar algo nuevo. Ante eso, prefiero explorar en la relación entre ambas situaciones: la política en Chile y España, o por lo menos sobre la política que se ve y se lee en los medios de comunicación. Acostumbrado a ver Europa desde Santiago -sin más experiencias que mis lecturas- pensaba que aquí todo era distinto, más "civilizado", más eficiente y con "altura de miras". Bueno, todo eso queda ahora como una ingenua sobrevaloración de lo europeo. Porque cuando escucho al presidente del principal partido de oposición (el derechista Rayoy, del PP) hablar en los noticieros como profeta sobre las siete plagas me doy cuenta de que "la distancia va perdiendo su espesor", como reza la canción de Virus. Si América Latina tiene riesgos de populismo debido a los discursos de sus políticos, entonces España tambien tiene ese riesgo, pues políticos en los más altos cargos de sus partidos, y con casi la mitad de los votos como respaldo, utilizan sin asco ni vergüenza el viejo truco de asustar a la audiencia para que deje de pensar con lógica y, simplemente, le siga en su cruzada sin importar cual sea ésta... me suena a Longueira por todos lados. Y si los discursos de la política de oposición no es tan distinta, ¿entonces, qué nos distancia? Pienso en el PIB de los dos países: US$10.000 (ppp) Chile y US$ 24.000 (ppp) España. La población: 16 millones contra 43. Finalmente, llego a algo que me convence más que el ingreso. Los años de historia. España: 2.000 años; Chile: 400. El edificio más antiguo de la ciudad en España tiene 1.000 años, mientras que el de Chile 200. Estas diferencias se notan más en las cosas de la vida cotidiana, que, siendo muy parecidas, contienen diferencias de cultura que agradan en la mayor parte de los casos (aunque no siempre: todavía no me acostumbro ni entiendo la estructura gramatical "ir a por ellos"). Aquí existe cierta tranquilidad en el acontecer diario. Se percibe menos violencia en el ambiente y en las personas. Hay un mayor orden y las bellezas arquitectónicas abundan. Pareciera que las cosas son más pensadas, más maduradas. Sin embargo, eso tampoco parece describir adecuadamente las diferencias. Por otro lado, me doy cuenta de que no podría describir las cosas típicas de Chile, puesto que cosas que creía propias tambien están acá. Por tanto, o no son tan propias o no son únicas. Así, me queda claro cuán construido por cosas prestadas está Chile. Me pregunto también ¿qué se hecha de menos cuando se extraña el propio país?... ¿Las personas? ¿los amigos? ¿la familia? Ninguna de esas cosas parece ser Chile, pues todos ellos podrían estar acá y, en tal caso, ya no los echaría de menos. Entonces, ¿no añoraría Chile? Y si es así, ¿donde está Chile entonces?

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