viernes, septiembre 02, 2005

Renovación de la Izquierda en la Sociedad de la Información

La renovación de la izquierda a nivel mundial ha vivido distintas etapas y ha involucrado diversos planteamientos. Me parece interesante profundizar en uno de ellos: su forma de entender el futuro de la sociedad de la información. Un tema bastante complejo si tomamos en cuenta que -como dice mi amigo abogado-filósofo Cristóbal Balbontín- esta nueva etapa de la humanidad, originada a partir del surgimiento de las nuevas tecnologías, ni siquiera tiene nombre, pues el apelativo de "postmodernidad" no se refiere a la esencia de estos nuevos tiempos, sino a lo que ya no es. Pese a este problema de denominación, el debate en torno a la sociedad de la información ha generado dos posiciones en el mundo de la izquierda. Por un lado, existe una visión tradicionalista que argumenta que la sociedad de la información y del conocimiento -la era de los massmedia- no ha implicado cambios fundamentales en lo que se refiere a las relaciones de poder existente entre los trabajdores y los dueños del capital. Según esta postura, los oprimidos del mundo siguen siendo los más y los que toman las decisiones los menos, por lo que, dentro de las metas de los partidos de izquierda, el Estado debiera seguir teniendo un lugar central en la búsqueda de justicia social y continuar siendo garante del contrato social. Es decir, siguen en pie las posturas de la izquierda tradicional respecto de la sociedad y sus contradicciones. Y por otra parte, está la postura “postmoderna” o “informacional”, que enfatiza los cambios producidos en las relaciones de poder, generados con el advenimiento de la sociedad del conocimiento. Esta visión postula que los cambios que aportan las tecnologías de la información y la comunicación no se refieren sólo a cambios de contexto, sino a cambio de lógicas y de representaciones, cuestión que impediría seguir aplicando las mismas formas de entender la realidad. Esta visión señala que estamos en una sociedad en la que los medios de producción ya no son el centro del poder del capital, y que por lo tanto su propiedad en manos del Estado no garantiza nada. Ello, debido a que ahora serían los centros financieros hiperconectados los que verdaderamente manejarían el poder y condicionarían el alcance de las reformas del Estado. Más allá de estas dos maneras de interpretar un mismo fenómeno, la discusión es necesaria si se quiere reflexionar respecto a los nuevos desafíos que enfrenta la izquierda y respecto al énfasis que debe tomar. Es necesario definir si aún son válidos los conceptos y categorías acuñadas en el siglo XIX o si definitivamente deben ser abandonados para crear un nuevo referente. Este es un dilema no resuelto: cuánto preservar y cuánto cambiar. Pero mientras no haya una respuesa a este problema tampoco podrán surgir iniciativas que cautiven, otra vez, la imaginación de los ciudadanos y que les devuelva la esperanza de vivir en un mundo mejor.

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