viernes, agosto 19, 2005

El Yin y el Yan en la Democracia Chilena

La estabilidad y el caos. La construcción y la destrucción. Lo legítimo y lo ilegítimo... La dualidad en la democracia chilena convive preocupantemente. En un peligroso equilibrio coexisten los motivos de su éxito y el germen de los peligros que la acechan. Las lógicas políticas internas de la coalición de gobierno y de los partidos que hoy están en la Concertación son, en muchas de sus prácticas, contradictorias a las lógicas de la democracia que entiende la mayor parte del electorado. Por ello es que las cúpulas de los partidos han generado tantos mecanismos para opacar a la vista de la ciudadanía la forma en que toman ciertas decisiones. Tenemos que los tres gobiernos de la concertación han sido elogiados por moros y cristianos debido a su capacidad de generar estabilidad, legitimidad y desarrollo político y económico en Chile. Pero, al mismo tiempo, los partidos que la componen reciben constantemente acusaciones de prácticas reñidas con la ética, de falta de legitimidad de sus liderazgos y de la creación de una casta de políticos profesionales que se protegen mutuamente y que superponen sus intereses a los del país en su conjunto. Un hecho que refleja esta última situación es lo sucedido con el Senador PS José Antono Viera-Gallo. En una elección interna de su partido, el diputado Alejandro Navarro le ganó el derecho a postular al Senado y ello provocó comentarios de todo tipo entre nuestros legisladores. Desde que la llegada de Navarro "izquierdizaría" la Cámara Alta, hasta que Viera Gallo era "imprescindible" en el Senado. Si hasta le hicieron una cena de desagravio que contó con la presencia de la mayoría de nuestros Honorables. El hecho no es una acción aislada. Por el contrario, está íntimamente ligado a la historia de la Concertación. El capital político del oficialismo y de su clase dirigente se basa en haber logrado una gestión eficiente del Estado, con legitimidad política y desarrollo económico. Para lograr esto requerió superar con éxito la transición, cuestión que implicaba varios tránsitos difíciles como fueron: "justicia en la medidada de lo posible", mantención del modelo económico, la inexistencia de política comunicacional activa hacia la mantención de pluralidad de medios informativos, mantención del sistema electoral binominal. También se requirió de la desmovilización de las fuerzas que habian acompañado a la concertación en la lucha contra la dictadura, para dar paso a los políticos que negociaron la "paz armada" de los primeros años de la transición. Había, en definitiva, que hacer "trabajo sucio"; por un lado a los aliados de antaño había que convencerlos de no pedir más de lo que el país podís soportar, por otro lado había que acordar con el antiguo enemigo los grados de libertad que se iban a permitir, el nivel de democracia que existiría, los grados de justicia social que soportaría. Este fue un proceso complejo en el que se sostiene parte del éxito de la democracia chilena y también es el origen del descrédito de la política en el país. Actores como el mencionado senador y otros políticos concertacionistas fueron relevantes al momento de desmovilizar y transar, cuestión que les creó un aura de exelentes "conciliadores" y hasta de "hombres de Estado" en el caso de varios exministros. Sin embargo, esto también generó hastío y distancia en muchos militantes menos ilustres que decidieron alejarse de los partidos y de la política. Hoy el panorama es complejo. Gran parte de los cargos de elección popular siguen en manos de esta generación de políticos o de sus herederos sanguíneos, mientras que la candidata a Presidente que lleva la Concertación parece representar para el electorado justamente el cambio de esta casta... Sin duda, el desafío para el próximo gobierno es que la Concertación se supere así misma. Si no lo logra perderá parte importante de su capital político: la legitimidad.

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